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LA QUIMERA,

CRÍTICAS DEL ESPECTÁCULO

 

TEATRO LA QUIMERA 1983-2008: 25 AÑOS DE TEATRO 

 

La crítica dijo del espectáculo en 1992-1994:

José Enríquez en "Guía del Ocio" calificación **** 

                La deliciosa actriz cubana Selma Sorhegui nos transporta a la equívoca, risueña y feroz revolución interior de una doble explotada (obrera y ama de casa), en un texto que es una joyita de precisión.

Enrique Centeno en "Diario 16"calificación ***

                Probablemente los monólogos de Fo-Rame mejor interpretados desde hace mucho en nuestros escenarios.

Lorenzo López Sancho en "ABC" calificación ***

                Cienfuegos y Martín, viendo claramente en qué medida los dos textos muy diferentes de Franca y Darío se refieren a puntas agudas, chirriantes, de una sociedad enferma, han unificado dos acciones que pueden parecer contrarias, pero que son la cara y la cruz de una sola mujer crucificada.

Javier Villán en "El Mundo" calificación ****

                Memorable la actuación de Selma Sorhegui.

Carlos Porto en jornal de Lisboa, Sección de Artes.

                Por fin, aquel fue el mejor, a mi modo de ver, espectáculo para un solo intérprete de esta edición, "Yo Grito", dos monólogos de Darío Fo y Franca Rame, con puesta en escena de Tomás Martín y Andrés Cienfuegos, coproducción del Teatro Estudio de La Habana y del grupo español La Quimera de Plástico.

                La actriz cubana Selma Sorhegui confronta de forma soberbia los dos textos de los autores italianos: "Yo Ulrike, grito", grito desesperado de la revolucionaria alemana que murió en la prisión, y "El Despertar", retrato relativamente caricaturado sobre la situación de servidumbre de la que la mujer sigue siendo víctima. Si en el primer trabajo la actriz compone de forma admirable el perfil de la joven alemana, sublimizando la credibilidad de su epopeya trágica, en el monólogo siguiente interpreta el absurdo sacrificio de lo cotidiano. Ahora este personaje tiene o puede tener contornos cómicos, la actriz acentuó sobre todo su carácter absurdo, sin dejar de exprimir los valores de extroversión del personaje, en contraste con lo que tiene de interiorización en el personaje anterior. Selma Sorhegui fue una de las grandes presencias en el XVI FITEI.

José Mendes en Jornal de Noticias. Oporto. En la hora del Balance.

                Fue gratificante e inspirador poder ver sobre la escena actores del calibre de Selma Sorhegui, Franklin Caicedo, Edgard Guillén, Onileva Oten, Daniel Vitulich.

B. Baloi en Jornal Domingo. Maputo (Mozambique), Reportaje FITEI.

                Obra que en nuestra opinión fue de gran nivel en esta edición del FITEI fue "YO GRITO", basada en dos monólogos de Franca Rame y Darió Fo e interpretada por una actriz cubana radicada en España, Selma Sorhegui.

                En "YO GRITO" es espectador tiene la posibilidad de ver todo lo que se puede exigir de una buena actriz, el trabajo corporal, la interiorización de diferentes emociones (melancolía, alegría, incertidumbres, desolación y esperanza), la mímica ajustada y el aprovechamiento de todo el espacio escénico...Lo que más nos impresionó no fue el texto en sí, sino el trabajo de la actriz, la manera como Selma Sorhegui condujo las emociones de los espectadores durante 60 minutos en escena un monólogo lleno de sentimientos.

 

Fernando Esteves en "Correo de la Mañana". Oporto.

                Caso especialmente positivo, en el programa del último día, fue el estreno mundial absoluto en el FITEI de un monólogo (el último de los cuatro que el Festival "contrató" este año) interpretado por la actriz cubana Selma Sorhegui, y teatralizado en base a dos monólogos de un famoso par de dramaturgos italianos, el matrimonio Darió Fo y Franca Rame. Producidos conjuntamente por los grupos Teatro Estudio de la Habana y la Quimera de Plástico de Valladolid, España, este cualificado espectáculo enfoca la "posición" de la mujer como persona y como elemento de la sociedad, es un análisis que va desde el papel que las costumbres y las leyes han impuesto al o largo de los tiempos, hasta su realidad actual de esposa-madre y trabajadora.

J. Ignacio Pérez en "Gramma" (La Habana)

                Sobre las tablas tuvimos, alrededor de una hora a una actriz de carácter, liberando sin excesos un histrionismo de primera línea y una comprensión absoluta de los roles que le han asignado.

Pedro Herrera Echavarria en "Opciones" (Cuba)

                Hay que señalar la fuerza expresiva, la capacidad creadora de la Sorhegui que logra llevarnos de un personaje a otro, de una situación a otra, con una maestría de la que sólo son capaces aquellos que manejan el difícil arte de ser uno y al mismo tiempo otros personajes y dentro de cada uno de ellos, sin transición, pasar a las más increíbles situaciones emocionales.

Amado del Pino en "Revolución y Cultura" (Cuba)

                La Sorhegui es una actriz de poderosa singularidad dentro de la generación de teatristas cubanos que llega ahora a los treinta años. Desde los tiempos estudiantiles y su labor inicial con Teatro Buendía demostró tener una voz, un rostro y, lo más importante, imágenes muy propias que transmitir.

Carlos Toquero en "El Mundo" (Edición Valladolid)

                Con El Despertar, una eficaz puesta en escena de Tomás Martín, Selma Sorhegui pone de manifiesto que es una actriz completísima, magnífica. Mimo, gesto, voz, ritmo, movimiento, todo ello en grado sobresaliente para dar vida a una mujer de nuestro tiempo.

Andrés Molinari en "El Ideal" (Granada)

                Actriz cabal e idónea para estos monólogos es la cubana Selma Sorhegui, capaz de exponer en los dos actos su contraste de gesto y brío corporal.

J.L.L en "Europa Sur"

                Sorhegui, actriz en mayúsculas, desempeñó su cometido a la perfección.

José G.L. Antuñano en "ABC" (Castilla y León)

                Sorhegui se mueve por el escenario, susurra, grita, expone en su soliloquio las frustraciones de mujer. Y el espectador tiene ocasión de apreciar la variedad de registros vocales, la expresividad de su cuerpo que hacen innecesarias las palabras, la gestualidad capaz de significar la resignación o la rebeldía siempre contenida.

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